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	Comentarios en: Wishlists	</title>
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	<description>por Mistress Bibianne - Elite Dominación Profesional</description>
	<lastBuildDate>Wed, 29 Jul 2026 14:03:43 +0000</lastBuildDate>
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		Por: José		</title>
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		<dc:creator><![CDATA[José]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Jul 2026 14:03:43 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[“Yo soy tu musa, tu estructura y tu refugio”

“Tributar es agradecer: Por cada corrección, por cada momento de atención y por el orden que he traído a tu caos este año.”

(Mistress Bibianne, en El arte de la ofrenda)

Si alguien buscase en internet páginas relativas al BDSM y más específicamente sobre la Dominación Femenina es posible que encontrase miles de resultados en los que aparecerán esbeltas Dominatrices vestidas de negro, y con látigos en la mano, o imágenes en las que sádicas mujeres infringen múltiples torturas a sus esclavos. También es cierto que a veces nos toparemos con algunos dibujos en los que un hombre arrodillado entrega un ramo de flores a su Diosa. Pero esta última escena no dejará de ser una excepción que confirma la regla. Ya ven, antes de conocer a Mistress Bibianne yo asociaba esa imagen del hombre arrodillado con una escena propia de la sexualidad romántica tradicional, o “vainilla” en el argot del mundillo del BDSM. Ahora, después de haberme postrado ante Bibianne, y de leer esta apasionante entrada titulada “El arte de la ofrenda”, he constatado a través de mi propia e íntima fisiología propia del varón, y por el mero impulso cerebral, sin necesidad de manipulación alguna, lo inmensamente erótico que puede ser algo tan aparentemente asexual e inocente como es regalarle un libro a quien, en palabras de la propia Bibianne, me ha aportado “el orden que he traído a tu caos este año”. 
En cierto momento le confesé a alguien que había visitado a Mistress Bibianne, y al traer a colación el coste económico de la sesión, mencioné igualmente los regalos de la ofrenda. Con sorpresa mi interlocutor exclamó: ¡¿Ah, pero encima que le pagas tienes que hacerle un regalo!?
Bajé la cabeza y no me atreví a expresar lo que en mi interior sentía. Porque debería haber respondido con un: “Sí, y más regalos que tendría que haberle hecho”. ¿Por qué de mi vergüenza a decir lo anterior? Es fácil responder. La imagen de la “mujer fatal” que exprime al incauto enamorado está plenamente instalada en el imaginario colectivo, y todos, –yo también–, pensaríamos lo mismo de una tercera persona, y a la que consideraríamos muy ingenua, cuando ésta nos contara que quisiera hacerle un regalo a alguien que –previo pago– le había dado amor y dedicación.
Yo trabajo cara al público, y por ello cobro mi sueldo. Pero al margen de esa retribución es frecuente que los usuarios a los que he atendido, y en agradecimiento por el servicio prestado, me regalen dulces o bombones, pero, ya ven, nadie se escandaliza por ello, quizá porque son regalos que no tienen un componente sexual; son, solamente, una forma de expresar a través de un acto aquello que el refranero sentencia con un “es de bien nacidos ser agradecidos”.
La ofrenda forma parte también del cortejo, de la seducción. Y el que estemos ante una Dómina profesional ello no invalida por supuestamente innecesario dicho proceder. Porque Bibianne no es un robot; no es una máquina expendedora de bebidas, donde introducimos una moneda, y a cambio obtenemos una botella de agua. Mistress Bibianne es una persona que nos aporta lo mejor, lo que más deseamos, lo que más necesitamos, y eso hay que premiárselo con un extra. Nada más equivocado, por tanto, que suponer que el BDSM profesional es incompatible con la amistad, el reconocimiento, la devoción, la entrega y el amor.
Puestos a ver la escena desde fuera de la barrera, el proceso de cortejo se da por ambos lados. Si Mistress Bibianne ha conseguido con un texto relativo a las ofrendas que yo experimente la misma reacción que tendría si viese una película de las eufemísticamente denominadas “para adultos”, es que, sencillamente, estamos ante una obra maestra de la seducción femenina. Y yo puedo decir, entonces, que me siento orgullosamente seducido. ¿Y por la otra parte, qué sucede? ¿Constituye el regalo ofrendado por el sumiso un intento de seducir a su potencial Ama? Supongo que sí, aunque desde la subjetividad del arrodillado la escena se viva totalmente envuelta en un halo de romanticismo. ¡Pero ojo! el intentar seducir no implica “mala fe” por ninguna de las dos partes. No estamos aquí ante un caso de “timo del amor”, tan frecuente en las páginas de contactos de internet. Más bien yo diría que asistimos a un caso sofisticado de “Tease and denial”. Porque en el acto de la ofrenda estamos ante una muestra sublime de lo que son los prolegómenos amorosos. La parte Dominante se siente gratamente halagada, y en la mente de la parte sumisa se genera un caldo de cultivo propicio para la entrega final. Naturalmente que la sexualidad humana es variadísima; que hay quien, al estilo de Íñigo Errejón, va al grano, y no entiende qué es eso del cortejo. Yo, y tras haber experimentado el acto de la ofrenda a Mistress Bibianne, no podría concebir una sesión de Dominación sin el paso previo de presentar mis regalos –no me refiero al importe monetario, sino a los bienes materiales propios de una lista de regalos, tal como, por ejemplo, un frasco de perfume–. Sencillamente no hay vuelta atrás, porque ya no puedo entender la dinámica de la Dominación Femenina sin la existencia de la ofrenda previa. 
José]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Yo soy tu musa, tu estructura y tu refugio”</p>
<p>“Tributar es agradecer: Por cada corrección, por cada momento de atención y por el orden que he traído a tu caos este año.”</p>
<p>(Mistress Bibianne, en El arte de la ofrenda)</p>
<p>Si alguien buscase en internet páginas relativas al BDSM y más específicamente sobre la Dominación Femenina es posible que encontrase miles de resultados en los que aparecerán esbeltas Dominatrices vestidas de negro, y con látigos en la mano, o imágenes en las que sádicas mujeres infringen múltiples torturas a sus esclavos. También es cierto que a veces nos toparemos con algunos dibujos en los que un hombre arrodillado entrega un ramo de flores a su Diosa. Pero esta última escena no dejará de ser una excepción que confirma la regla. Ya ven, antes de conocer a Mistress Bibianne yo asociaba esa imagen del hombre arrodillado con una escena propia de la sexualidad romántica tradicional, o “vainilla” en el argot del mundillo del BDSM. Ahora, después de haberme postrado ante Bibianne, y de leer esta apasionante entrada titulada “El arte de la ofrenda”, he constatado a través de mi propia e íntima fisiología propia del varón, y por el mero impulso cerebral, sin necesidad de manipulación alguna, lo inmensamente erótico que puede ser algo tan aparentemente asexual e inocente como es regalarle un libro a quien, en palabras de la propia Bibianne, me ha aportado “el orden que he traído a tu caos este año”.<br />
En cierto momento le confesé a alguien que había visitado a Mistress Bibianne, y al traer a colación el coste económico de la sesión, mencioné igualmente los regalos de la ofrenda. Con sorpresa mi interlocutor exclamó: ¡¿Ah, pero encima que le pagas tienes que hacerle un regalo!?<br />
Bajé la cabeza y no me atreví a expresar lo que en mi interior sentía. Porque debería haber respondido con un: “Sí, y más regalos que tendría que haberle hecho”. ¿Por qué de mi vergüenza a decir lo anterior? Es fácil responder. La imagen de la “mujer fatal” que exprime al incauto enamorado está plenamente instalada en el imaginario colectivo, y todos, –yo también–, pensaríamos lo mismo de una tercera persona, y a la que consideraríamos muy ingenua, cuando ésta nos contara que quisiera hacerle un regalo a alguien que –previo pago– le había dado amor y dedicación.<br />
Yo trabajo cara al público, y por ello cobro mi sueldo. Pero al margen de esa retribución es frecuente que los usuarios a los que he atendido, y en agradecimiento por el servicio prestado, me regalen dulces o bombones, pero, ya ven, nadie se escandaliza por ello, quizá porque son regalos que no tienen un componente sexual; son, solamente, una forma de expresar a través de un acto aquello que el refranero sentencia con un “es de bien nacidos ser agradecidos”.<br />
La ofrenda forma parte también del cortejo, de la seducción. Y el que estemos ante una Dómina profesional ello no invalida por supuestamente innecesario dicho proceder. Porque Bibianne no es un robot; no es una máquina expendedora de bebidas, donde introducimos una moneda, y a cambio obtenemos una botella de agua. Mistress Bibianne es una persona que nos aporta lo mejor, lo que más deseamos, lo que más necesitamos, y eso hay que premiárselo con un extra. Nada más equivocado, por tanto, que suponer que el BDSM profesional es incompatible con la amistad, el reconocimiento, la devoción, la entrega y el amor.<br />
Puestos a ver la escena desde fuera de la barrera, el proceso de cortejo se da por ambos lados. Si Mistress Bibianne ha conseguido con un texto relativo a las ofrendas que yo experimente la misma reacción que tendría si viese una película de las eufemísticamente denominadas “para adultos”, es que, sencillamente, estamos ante una obra maestra de la seducción femenina. Y yo puedo decir, entonces, que me siento orgullosamente seducido. ¿Y por la otra parte, qué sucede? ¿Constituye el regalo ofrendado por el sumiso un intento de seducir a su potencial Ama? Supongo que sí, aunque desde la subjetividad del arrodillado la escena se viva totalmente envuelta en un halo de romanticismo. ¡Pero ojo! el intentar seducir no implica “mala fe” por ninguna de las dos partes. No estamos aquí ante un caso de “timo del amor”, tan frecuente en las páginas de contactos de internet. Más bien yo diría que asistimos a un caso sofisticado de “Tease and denial”. Porque en el acto de la ofrenda estamos ante una muestra sublime de lo que son los prolegómenos amorosos. La parte Dominante se siente gratamente halagada, y en la mente de la parte sumisa se genera un caldo de cultivo propicio para la entrega final. Naturalmente que la sexualidad humana es variadísima; que hay quien, al estilo de Íñigo Errejón, va al grano, y no entiende qué es eso del cortejo. Yo, y tras haber experimentado el acto de la ofrenda a Mistress Bibianne, no podría concebir una sesión de Dominación sin el paso previo de presentar mis regalos –no me refiero al importe monetario, sino a los bienes materiales propios de una lista de regalos, tal como, por ejemplo, un frasco de perfume–. Sencillamente no hay vuelta atrás, porque ya no puedo entender la dinámica de la Dominación Femenina sin la existencia de la ofrenda previa.<br />
José</p>
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